jueves, 22 de julio de 2010

Abel y Mariana (Un día más)

Le escurría sangre por la nariz y un ojo no podía abrirlo. Una vez más se preguntaba cómo es que había llegado hasta ese punto. Estaba sentada en el piso de la sala, recargada en la pared, con las mejillas rojas, el cabello despeinado y un coraje incontenible, rompió en llanto.
El llegó tarde y cabreado, como había estado haciendolo ultimamente. Nunca le decía a ella qué tenía, sólo ponía cara de serio, pero de serio que daba miedo, ella no sabía cuando esperar un golpe, o un grito. En fin, ese día llegó buscándola, cada día buscaba un pretexto para gritarle. Ese día ella estaba bañándose, había sido un largo día y las labores del hogar no le habían dejado tiempo. Abel abrió la puerta del baño con un golpe, y la encontró allí desnuda, con el cuerpo enjabonado, con cara de susto. -¿Por qué te estás bañando ahorita? ¿Pues con quién te vas a encontrar? ¿Andas de puta viendo a otros hombres?- dijó él mientras le daba un par de bofetadas, -Anda, ve a vestirte y sírveme la cena-, y Mariana obedeció sin decir palabra.
Apenas puso el plato en la mesa, éste salió volando y fue a dar contra la pared. -No me gusta- dijo Abel, -nisiquiera haces las cosas bien porque de seguro andas de puta, has de traer a otros hombres a la casa-, -Eso no es cierto, yo no he traido a nadie, y no grites que vas a despertar a los niños-. La comida estaba bien, estaba perfecta, él nisiquiera la había probado, lo que le sabía mal era la conciencia quizás, es lo que pensó Mariana, -yo no sé por qué si vienes cabreado te desquitas conmigo-. Con un marido así hay que tener cuidado de lo que se dice.
Martín y Samuel estaban en su cuarto, martín consolaba a Samuel que lloraba, y le decía -ella es fuerte, no te preocupes- pero Samuel quería salir y enfrentarse a su papá, quería decirle que dejara de golpearla.

Sintió una mano en el hombro, era su hijo mayor, Martín, -ya no llores mamá- le dijo, y la abrazo, ella volvió a romper en llanto, después se calmó, secó sus lágrimas y le sonrió. Se levantó se arregló el cabello y fue a acostar a los niños. Mañana sería otro día, uno mejor.

jueves, 8 de julio de 2010

Ella

27 de marzo de 1961
15:23 horas

Los Beatles llegaban a Hamburgo y ella a este mundo.
En su casa de adobe estaba Guadalupe cuando llegaron los dolores de parto, y fue ahí mismo en su casa donde dio a luz a una bebita a la que llamó Juana.
El padre: campesino, cazador de tesoros y cuentista, hombre trabajador al que algún día le arrollara un tren y vivió para contarlo.
La madre: hacendosa, y a veces renegona (cualidades que heredaría Juana), sabía de remedios y era buena cocinera, o al menos su familia lo pensaba.
Era una familia medio nómada.
La infancia de Juana fue buena. Aunque eran pobres, siempre había con que entretenerse. Estaban los cuentos de papá, las historias de la abuela, y las travesuras de sus hermanos, además de los animales en las granjas, los turistas que pasaban en los trenes y las tierras llenas de misterios por conocer.
No fue a la escuela mucho tiempo, una familia así no era del tipo que recibía la mejor educación, estaban hechos para trabajar en el campo y así lo hacían.
Creció y se convirtió en una chica muy bonita y un poco rebelde. Y un día más en la pizca de tomates lo conoció...