17 de junio de 1957.
19:15 horas.
Disneylandia festejaba un segundo cumpleaños de abrir sus puertas. En Hermosillo, Sonora el teniente Echeverría daba instrucción 'preparen...apunten...fuego' a un pelotón de fusilamiento y enseguida cayeron muertos Francisco Ruiz Corrales y Rosario Donjuan Zamarripa, violadores y asesinos, últimas ejecuciones en el país, mientras se interpretaba una sonata para piano y flauta en el Festival de Estrasburgo y en Jesús María, Jalisco una mujer trabajaba en su máquina de coser cuando comenzaron las contracciones.
Se llamaba María, y ese día dió a luz a un niño al que llamó Salvador. Desde el comienzo fue travieso. Sólo aprendió a caminar y andaba de aquí para allá, con María persiguiendole. Crecía. No le gustaba lo mismo que a los demás. Tenía su propio estilo.
Su padre Miguel, un albañil, era un hombre serio, trabajador. Su madre también era trabajadora, sabía coser, cocinar, y daba catesismo los sábados por la mañana. Eran una familia muy católica y muy pobre.
Su vida no fué la más fácil, desde niño tuvo que trabajar para poder comer, y aprendía más de la vida que de la escuela. No era tonto en absoluto, tenía una manera diferente de ver las cosas y eso lo hacía más inteligente que la mayoría de los niños de su edad pero tenía el defecto de ser orgulloso. No le gustaba admitir un error suyo, ni en su vida adulta. Él siempre ha de tener la razón. Sufrió rechazo por su estilo diferente, por sus gustos diferentes. Sufrió abusos de más de un tipo.
Creció y trabajó. Creció y aprendió. Creció y viajó, y así la conoció.
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